
José Estay Jéldres,
entre la luz y la sombra
Cruzó los Andes de Sur a Norte, de Este a Oeste, adaptándose a la
divercidad y austeridad de sus climas, su topografía y hasta su alimentación.
En las alturas ha sufrido el punazo y el soroche. Se ha quedado
impresionado por la belleza telúrica del Altiplano, por los
espectaculares ríos que arrastran abundantes piedras y se precipitan
desde las cumbres a lo largo de cañadas o paredes rocosas. Varias
veces se encontró con su Chile natal, ha constatado la miseria del
Perú, la tragedia de los indigenas en el Ecuador y su comtemplado la
grandeza precolonial en Bolivia, mientras su cámara seguía registrando
la imagen de un continente que bosteza de hambre y clama
justicia a los cuatro vientos.
José Estay J. está resignado a asumir el epíteto de vagabundo, porque
su camino está trazado y no puede cambiar su destino.
No necesita riquezas ni jaulas doradas que lo asfixien. Le basta
con tener dos cámaras fotógraficas, una mochila equipada,
un saco de dormir, unas botas de campaña y su férrea voluntad
de viajero, esa savia que le ayuda a respirar y a sobrevivir en medio
de la nostalgia y la soledad...Las bondades de esta sociedad de consumo,
deslumbrante y adormecedora, le permiten desarrollar su trabajo
de solidaridad con los más necesitados de allende los mares...
Por las galerías donde expone sus fotógrafias, para que se
convenzan de que los rostros de esas mujeres y niños,
que nos miran desde las paredes con el semblante de tristeza
y desesperanza, no son imágenes que destacan la parte estética
de una realidad, sino por las múltiples caras de un continente,
donde José Estay halló el mayor motivo de su vida y el mejor
tema para documentar su obra hecha de luz y de sombra.
Extracto del Libro "Un caminante entre la luz y la sombra"
de Victor Montoya, escritor boliviano.
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